I Crónicas 26 Sagrada Biblia (Conferencia Episcopal Española, 2011) | 32 versitos |
1 Clases de porteros: De los coraítas: Meselemías, hijo de Coré, descendiente de Abiasaf.
2 Hijos de Meselemías: el primogénito, Zacarías; el segundo, Yediael; el tercero, Zebadías; el cuarto, Yatniel;
3 el quinto, Elán; el sexto, Juan; el séptimo, Eljoenay.
4 Hijos de Obededón: Semaías, el primogénito; Jozabad, el segundo; Joaj, el tercero; Sacar, el cuarto; Netanel, el quinto;
5 Amiel, el sexto; Isacar, el séptimo; Peuletay, el octavo; pues Dios le había bendecido.
6 Su hijo Semaías tuvo varios hijos, que se impusieron en sus familias paternas por ser hombres valerosos.
7 Hijos de Semaías: Otní, Rafael, Obed, Elzabad y sus hermanos Elihú y Semaquías, hombres valerosos.
8 Todos estos descendían de Obededón; ellos, sus hijos y hermanos eran setenta y dos en total, hombres valerosos y robustos para el trabajo.
9 Meselemías tuvo hijos y hermanos, dieciocho hombres valerosos.
10 Hijos de Josá, descendiente de Merarí: Simrí, el jefe; aunque no era el primogénito, su padre le puso al frente.
11 Jilquías, el segundo; Tebalías, el tercero; Zacarías, el cuarto. Los hijos y hermanos de Josá fueron trece en total.
12 Los grupos de porteros, tanto los jefes como sus hermanos, cuidaban el servicio en el templo del Señor.
13 Se sorteó cada puerta por familias entre pequeños y grandes.
14 En el sorteo, la puerta oriental le tocó a Selemías; la septentrional le tocó a su hijo Zacarías, consejero prudente;
15 la meridional le tocó a Obededón —y a sus hijos los almacenes—;
16 a Sufín y a Josá les tocó la puerta occidental, junto a la puerta de Salequet, en la ruta de la subida. Los turnos de guardia eran proporcionales:
17 seis levitas por día en la puerta oriental, cuatro por día en la septentrional, cuatro por día en la meridional, y en los almacenes de dos en dos;
18 en el atrio, cuatro por ruta y dos para el atrio.
19 Estas eran las clases de porteros, descendientes de Coré y de Merarí.
20 Levitas encargados del tesoro del templo de Dios y del erario sagrado:
21 Yejielí, hijo de Ladán, el guersonita.
22 Los hijos de Yejielí, Zetán y su hermano Joel, estaban al frente del tesoro del templo del Señor.
23 Descendientes de Amrán: Yisar, Hebrón y Uriel;
24 Sebuel, hijo de Guersón, hijo de Moisés era el tesorero mayor.
25 Sus hermanos, por parte de Eliézer, eran: Rejabías, Isaías, Jorán, Zicrí y Selomit.
26 Este y sus hermanos estaban al frente del erario sagrado: lo que había entregado el rey David, los cabezas de familia, los jefes de millar, los centuriones y los jefes del ejército.
27 Habían dedicado parte del botín de guerra para sostener el templo del Señor.
28 Estaban también al frente de lo que habían entregado el vidente Samuel, Saúl, hijo de Quis, Abner, hijo de Ner, y Joab, hijo de Seruyá. Todo lo consagrado estaba a cargo de Selomit y sus hermanos.
29 De los yisaríes, Quenanías y sus hijos se ocupaban de los asuntos civiles de Israel como secretarios y jueces.
30 De los hebronitas, Jasabías y sus parientes —mil setecientos hombres de valía— administraban todos los asuntos del Señor y del rey en Israel allende el Jordán, hacia occidente.
31 El jefe de los hebronitas era Yerías. El año cuarenta del reinado de David se investigó la genealogía de los hebronitas y hallaron gente valiosa en Yazer de Galaad.
32 Los parientes de Yerías eran dos mil setecientos cabezas de familia, hombres valerosos. El rey David los puso al frente de los rubenitas, de los gaditas y de la media tribu de Manasés para todos los asuntos de Dios y del rey.

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Introducción a I Crónicas

1 CRÓNICAS

Por los libros de la llamada escuela deuteronomista (de Josué a 2 Reyes) estamos al tanto del período que va desde Josué hasta el destierro. El autor de Crónicas se remonta hasta Adán y llega hasta Esdras, al menos. El núcleo de su enseñanza puede resumirse en los términos siguientes: toda la historia tiene un centro de gravitación, que en el presente caso es el templo, proyectado por David y edificado por Salomón. En el templo se congrega el pueblo de Dios para buscar al Señor y alabarlo. La alabanza se torna súplica en momentos de dificultad -en la guerra, por ejemplo-, en los que el pueblo únicamente ha de rezar, confiar y esperar; el resto lo hará milagrosamente el Señor. Desde esta perspectiva, el rey David y su dinastía no han caducado, por más que ya no existan cuando escribe el cronista.

El esfuerzo intelectual y religioso de esta extensa obra tuvo su recompensa: la comunidad judía no perdió su identidad, supo afrontar un siglo más tarde la ola arrolladora del helenismo y, después, hizo frente a todos los avatares de la diáspora, las múltiples persecuciones a lo largo de los siglos e incluso el holocausto.

Fuente: Sagrada Biblia (Conferencia Episcopal Española, 2011)

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Notas